
Cada vez más popular como religión y como medio para descubrir los secretos de la existencia, la Kabalah es también un medio para nuestra sanación espiritual, una terapia que busca la unificación del alma, el espíritu y el cuerpo a través del flujo energético y la eliminación de sus bloqueos. Desde un enfoque espiritual, tener salud significa comprender que no somos sólo un cuerpo físico, sino también un alma y un espíritu, en absoluta unidad. Estar sano en sentido espiritual equivale a entender el verdadero rol del ser humano, como espíritu que cumple un destino a través de un cuerpo físico.
La enfermedad emana de la conciencia hacia lo físico; no nace en lo físico. En esencia, implica algo que nos falta aprender. Es un mensaje de nuestra alma, que debemos escuchar para alcanzar la unidad. Crisis es igual a crecimiento. Por lo tanto, salud es integrar el espíritu con el alma y con el cuerpo. Ahora bien: si las células de cada órgano se renuevan permanentemente en pocas semanas, muriendo y naciendo, entonces: por qué el síntoma persiste, aunque la materia física sea otra. Porque la esencia del problema está en otras dimensiones y se expresa en lo físico.

Los médicos franceses lo persiguieron por curar a los enfermos. Philippe de Lyon, sin embargo, continuó con su labor de sanación imponiendo sus manos ante los necesitados. Fue convocado por el zar Nicolás II y pasó a la historia por sus asombrosos poderes. Philippe de Lyon fue uno de esos extraños hombres que aparecen en la historia y dejan una huella difícil de borrar. No dirigió grandes batallas ni significó el nacimiento de un cambio para la humanidad. Sin embargo, este misterioso hombre que vivió a fines del siglo XIX será recordado siempre por ser uno de los médiums más excepcionales que conoció el hombre. De Lyon, sencillamente, podía curar a los enfermos. Así se convirtió en la leyenda que vamos a contar.

Perros que saben cuándo sus amos emprenden el camino de regreso a casa, gatos que adivinan la llegada de visitantes, mascotas que enfrentan el aire como si vieran espectros… Los animales parecen ser dueños de asombrosos poderes paranormales, que el hombre apenas puede intuir. Quienes tienen una mascota en sus hogares están acostumbrados a observar algunos extraños comportamientos.
No es raro ver que un perro o un gato, repentinamente y sin aviso, se levanten de su descanso para observar con atención hacia un punto en donde no parece haber más que aire. A veces pueden seguir con la mirada el movimiento de algo que los seres humanos no podemos ver. En ocasiones se erizan sus pieles y pueden adoptar una actitud de ataque ante algo que no existe. Este tipo de comportamientos fueron el origen de muchos interrogantes que la ciencia intenta develar.

Seres divinos llenos de sabiduría, los ángeles nos protegen y guían cada día. Si aprendemos a comunicarnos con ellos, podremos disfrutar de una protección mayor. Y cómo logramos esto, a través de la meditacion angelica. Los ángeles son aquellos seres que nos observan, nos aman y nos brindan una información maravillosa.
Están llenos de amor y ayuda que buscan otorgarnos, ya sean los ángeles de la guarda o los arcángeles, los ángeles personales de cada individuo o aquellos que protegen y cuidan a toda la humanidad en general. Los sueños son a menudo el medio de comunicación con los ángeles. Ya la Biblia nos cuenta cómo el Arcángel Gabriel le avisó a María que sería madre de Jesús, y luego a José que su deber sería cuidar de ese niño, todo en sueños. Claro que esa no es la única manera en que se presentan en nuestras vidas.

Recientemente se cumplieron cincuenta años de uno de los casos de aparición de fantasmas más asombrosos. Fue recogido por Robert Tocquet, parapsicólogo francés, profesor de la Escuela de Antropología y miembro del Consejo Directivo del Instituto Metapsíquico Internacional de París. Madame V. quiso pasar una temporada de descanso en un caserón del siglo XVII llamado Le Prieuré (El Priorato). En épocas de la Revolución Francesa, allí había existido una comunidad de frailes que fue eliminada sádicamente en esos tiempos. El 6 de julio de 1955, Madame V. se alojó allí con sus dos hijos, de veinte y treinta años, cuyos nombres respectivos eran Jean y Gastón. A los cuatro días de estar instalados, el fantasma de un monje encapuchado y sin manos se apareció a la señora en su habitación, que había sido, en tiempos pasados la habitación del prior.
Madame V. relató que vio vagar por su habitación una sombra oscura, formada por una niebla opaca, detrás de la cual parecía haber una luz. Aquella sombra, de forma humana, llevaba una larga vestimenta y parecía tener la cabeza cubierta por una capucha. La sombra avanzó lentamente hacia mí narró la mujer Presa de espanto, me senté en la cama, con la espalda contra la pared y la garganta seca. Estaba helada pero al mismo tiempo sudaba. Quise levantarme, gritar, pero ningún sonido salía de mi boca: un terror indescriptible me mantenía clavada allí. La sombra avanzó hasta situarse ante la chimenea, entonces se arrodilló y Madame V. sintió el golpe de sus rodillas contra el pavimento. Se pros-temó tres veces, con las mangas juntas, en un gesto de súplica.

La musica clasica puede ayudarnos a programar nuestra mente a través de un sencillo ejercicio. En primer lugar, debemos ubicarnos sentados en un lugar tranquilo y colocar la melodía que vamos a escuchar. Una vez que la música comienza, nos dejamos llevar por los sonidos y sentimos cada instrumento. Debemos poder experimentar que somos cada uno de los instrumentos que aparecen. La primera vez que escuchamos la melodía, lo debemos hacer sin programar la mente, sólo imaginando y soñando. La segunda vez, imaginaremos la situación que queremos que nos suceda.
La música acompañará las imágenes de nuestra mente mientras sentimos que la fuerza del ritmo, la armonía y la melodía son parte nuestra. Debemos percibir que los ejecutantes están poniendo toda su energía para que alcancemos ese objetivo. Si el ejercicio se realiza correctamente, en el momento cumbre del tema las ondas cerebrales entrarán en un estado alfa que favorecerá la programación de nuestra mente. A partir de entonces, siempre que escuchemos esa melodía nuestro cerebro reafirmará el objetivo planteado y creará las condiciones necesarias para que cumplamos con nuestro deseo a nivel conciente e inconsciente. De esta forma, cuando nos encontremos desmotivados podremos repetir la escucha para recuperar energías.

Aunque se asocian sólo con el catolicismo, seres celestiales con iguales características forman parte de las creencias de otras religiones.
HINDUISMO: se conoce con el nombre de devas (seres de luz) a los espíritus de la naturaleza. Los devas asisten a la naturaleza y su trabajo es cuidar la evolución de la creación.
BUDISMO: en Asia oriental, los budistas consideran que existen seres luminosos que cuidan las creaciones de la naturaleza.
TAOÍSMO: plantea la existencia de los hoven, almas celestes que se presentan en sueños.
ANTICUA GRECIA: se sabe que adoraban a los daimones (genios), de los cuales sólo se conoce el nombre, por haber sido quemados los papiros con la llegada del cristianismo.
CALDEOS Y ROMANOS: reconocieron a los ángeles como genios.

Originario de Asia, el ginseng se utiliza con fines medicinales desde hace siglos en los países asiáticos, principalmente en China. Desde que en 1854 el científico e investigador Garriques encontró una saponina llamada pan aquilón en la raíz el ginseng, se efectuaron miles de estudios sobre esta raíz. El resultado fue el descubrimiento de un sorprendente producto natural que contiene ácidos orgánicos, carbohidratos, aminoácidos, vitaminas, minerales, aceites esenciales, fitoestrógenos y enzimas.
Al ginseng se le considera una planta con efecto tónico que ayuda al cuerpo a adaptarse al estrés. Además, aumenta la sensación general de vitalidad y la capacidad física y psíquica para trabajar, incrementa la potencia sexual, y es un buen complemento para una dieta equilibrada que posibilite un mejor rendimiento físico y mental. Aunque son poco frecuentes, existen algunos efectos secundarios que obligan a utilizar con control al ginseng. Su uso continuado puede ocasionar hipertensión, nerviosismo, insomnio, dolor de cabeza, urticaria y diarrea matutina.

Los jibaros son un pueblo indígena que habitan todavía hoy al norte del río Marañen, en el altiplano del Ecuador. Dueños de una rica tradición, son famosos por su costumbre de reducir las cabezas de sus enemigos muertos en combate. Aunque se trata de una práctica cada vez menos difundida, esta tribu se hizo famosa por realizar un proceso al cráneo de sus enemigos, de manera tal de reducir su tamaño hasta las dimensiones de una naranja. La operación se realiza en una ceremonia llevada a cabo por un chamán. La cabeza, llamada tsantsa, se convierte luego del proceso en un trofeo que dará suerte al guerrero que derrotó a su adversario.
Según cuenta la leyenda, todo aquel que tiene en su poder una tsantsa adquiere poderes sobrenaturales y está a salvo de los espíritus malignos. La manera en que los jíbaros logran llevar a cabo su objetivo es un misterio para la ciencia. Sin embargo, se sabe que después de haber pelado la cabeza recién degollada, los indios la introducen en un caldero con agua hirviendo en donde dejan caer una pócima cuya composición se desconoce. Tras la cocción, extraen el contenido de la calavera y, una vez limpia, es cubierta con una mezcla de tierras y rodeada con piedras calientes. Luego de un tiempo la cabeza es desenterrada. El resultado es la misma cabeza, con los rasgos intactos, pero con el tamaño de un puño.

Hechizo del limón y la cruz: llevar encima, en una bolsa, un bolsillo o la cartera, un limón verde durante el tiempo que tarde en secar. Una vez seco, deshacerse de él en una calle que haga cruz. Este hechizo fortalece las defensas psíquicas de la persona y la prepara para repeler la envidia. Hechizo contra la envidia y las malas vibraciones: este hechizo sirve para repeler la envidia de una persona. En primer lugar, dibujar la persona que nos está dañando y tachar luego la figura, para frenar su accionar.
Luego, se corta un limón y se guarda el dibujo con el limón dentro de un frasco, hasta que la fruta adquiera un color negro. Luego, se quema el contenido del frasco. Ducha anti envidia: los primeros sábados de cada mes, espolvorear un poco de canela por el cuerpo a la hora del baño. A la vez, decir, los ojos que mal te miran, se apagarán pronto. Se repite este mantra todas las veces que sea necesario.