
Algunos estudiosos opinan que son una forma primitiva de rituales. Antes de que el ser humano creyera en dioses, depositaba su fe en fuerzas naturales. Concretamente, lo que se intenta a través los hechizos es manipularlas. Es el afán del hombre por dominar estas fuerzas lo que da origen a la magia. Todo hechizo parte de principios espirituales o astrales, principios no materiales que no pertenecen al mundo físico, sino a algo superior capaz de actuar sobre el mismo superando a la ciencia. Para la magia no hay imposibles. No hay ni tiempo ni espacio. Todo puede ser.

Las palabras mágicas permitían a los egipcios asumir diversas formas a voluntad. Con el pronunciamiento de ciertos nombres en forma apropiada y con el tono correcto, el mago recibía el poder de curar a un enfermo, arrojando a los espíritus maléficos de su cuerpo. El uso de conjuros era cotidiano. Se apelaba a estas enunciaciones para pedir protección en su forma más variada, desde curar la mordedura de un perro a conservar el alimento.
La gran mayoría de los textos de magia escritos durante la presente Era aseguran basarse, directa o indirectamente, en los antiguos textos egipcios, o por lo menos, en el pensamiento mágico de los pueblos semíticos que ocuparon las tierras egipcias antes del nacimiento de Cristo.

Existe una clara respuesta dentro de la magia gitana. El procedimiento a seguir es sencillo. Procúrese 21 agujas que nunca haya usado para coser. Defume estos elementos con incienso, luego coloque las agujas en un plato hondo. Seguidamente y con una copa nueva y llena de agua mineral o de lluvia, deje caer el líquido sobre las agujas. Hágalo lentamente y con los ojos cerrados, concentrándose en la pregunta al respecto.

La ruptura de una relación, una actitud inesperada de alguien querido que nos causa dolor un proyecto que no pudo concretarse, descubrir una verdad desagradable. … ¿cuántas veces no nos hemos sentido defraudados, decepcionados porque la vida toma cursos muy distintos a los soñados? Ciertamente, es una profunda pena la que nos inunda en esos momentos de desilusión.Todos atravesamos tarde o temprano alguna de estas situaciones, por las que nadie quiere pasar, y todos nos llenamos de un sufrimiento que parece infinito al vivirlas. Algunas personas prefieren, incluso, negar fraudes e infidelidades, o sostener parejas destinadas al fracaso, con tal de no afrontar el dolor que implica el admitir un “no fue lo que soñaba” o “no pudo ser”. Otras quedan atrapadas en el dolor y, al no poder cerrar las heridas del pasado, caen en un duelo permanente.